Hay cierta necesidad de control que se esconde tras la teoría del fin del mundo y también otras situaciones más cotidianas. La idea de este post vino a mi mente cuando me di cuenta de que, aun habiendo pasado la fecha que pronosticaba Nostradamus, todavía hay personas que defienden que él estaba equivocado, que el final tiene nueva fecha y que está por venir.
Pero ya no es solo una cuestión de teorías catastrofistas. La relación con los padres, la vida laboral y, en resumen, todo lo que nos concierne, está sumido en nuestra percepción de creer que manejamos (o no) las cosas, y la importancia que le damos a que sea así.
El mito de la seguridad: ¿Por qué queremos manejar todos los hilos?
Nos obsesiona saber qué va a pasar mañana para sentir que tenemos las riendas de nuestra vida, aunque sea una fantasía.
Pero, ¿de dónde nos viene esta manía de querer controlarlo todo?
Estos dos expertos en psicología explican que esta necesidad subyace en nuestro subconsciente desde el principio de los milenios. Nos dimos cuenta, como raza racional, de que nuestro cerebro tiene una capacidad brutal para anticipar sucesos…
Si sometíamos a nuestro control el entorno, seríamos capaces de prosperar. Ya se tratase de la familia, la salud o la estabilidad económica, manejar “los hilos” nos hacía sentir seguros, al mando de la situación.
El problema es el efecto secundario. Hemos alimentado tanto este mecanismo que, hoy en día, en cuanto algo se sale un milímetro de lo previsto, nuestras alarmas internas saltan, gritan y nos generan una ansiedad tremenda.
La trampa de la hipervigilancia: Cuando no saber qué pasará nos vuelve locos
Dado que no todo en el mundo puede ser fácilmente manejado, o no nos ofrece la suficiente información, nos obsesionamos porque no soportamos la incertidumbre. Cuando nos encontramos con ella, rellenamos el vacío con fantasías (ya sean negativas o positivas): las paranoias. Y al no cumplirse nuestras expectativas, llega la frustración.
Pero hay diferencias entre paranoia y ansiedad. La ansiedad surge del miedo a sufrir, pero la paranoia surge de una convicción de desastre. La paranoia es una falta de objetividad sensibilizada por una experiencia traumática; es una falsa confianza frente al miedo, creer que puedes resolver el problema vs. el problema superándote a ti.
Habrá muchos momentos que generen incertidumbre, más allá de las grandes cuestiones de la existencia. Quedarte atrapado en una habitación, tirado en la carretera sin gasolina, no recibir ingresos durante meses… ¿Te has preguntado cómo te has sentido al final del problema? Verás que no se ha acabado el mundo (de nuevo), ni ha estallado una guerra. Nada remotamente destructivo.
Aun así, el miedo a la incertidumbre respecto a lo que significas tú en este mundo es la responsable de tus paranoias. ¿Qué puedes hacer en esos casos?

Vivir el presente: El arte de soltar el reloj

Vivir el presente. No lo digo yo, lo dice la gente con una mente sana, estudiosa o sabia.
En un principio hemos dicho que nuestra mente es una herramienta tan afinada que permite prever situaciones que no han sucedido. Como consecuencia, normalmente no vivimos, soñamos. Estamos permanentemente en el pasado o en el futuro, rellenando huecos de información y reorganizando pensamientos que, en exceso, causan ansiedad o depresión
Para mí el mayor problema no es tener tal capacidad, sino el no saber gestionarla de manera que no suponga una alteración emocional tan variable. En pocas palabras: somos seres emocionales a pesar de considerarnos una raza racional.
¿Por qué la sociedad de hoy nos hace vivir en el pasado con culpa, y con angustia por creer que el tiempo se acaba? En parte se debe al enfoque sobre nuestra planificación respecto a las metas y la importancia obsesiva que le damos a los objetivos cumplidos.
Hagas lo que hagas, habítalo de consciencia. Esto te da una tregua con la muerte: vivir cada momento garantiza no temer al fin del tiempo. Cuanto menos cúmulo de situaciones sientas pendientes en tu día a día, más pacífica será tu mente. Si sientes que no te da la vida para vivirla, nunca la vivirás; vivir con estrés y agonía perjudica la calidad de tu existencia.
El miedo al abandono: Lo que de verdad se esconde tras el control
¿Tienes algún padre o madre sobreprotector/a?, ¿has tenido una relación de pareja tóxica que creía tener potestad sobre tu forma de vestir o disfrutar de otras compañías?
MIEDO AL ABANDONO. Resume bien lo que esconde toda esta necesidad de control desmedida.
Puede que de pequeños los padres deban ejercer un papel jerárquico, pero eso cambia al volvernos adultos. No todos lo aceptan. Perder la autoridad supone para algunos verse reducidos, como si su ego estuviera en juego, y el sentimiento de abandono crea angustia.
Al no ser conscientes de esto (ya que suele ser subconsciente), creen que pueden manejar la situación controlando cosas que poco o nada tienen que ver. Es decir: ¿que llegues antes a casa o apruebes tus exámenes significa que vas a querer más a tus padres? Por supuesto que no, pero al creer que dominan esas situaciones, ocultan el miedo atroz que supone la pérdida. Y lo mismo pasa con las parejas que tienen problemas sin resolver.
Romper este bucle no es fácil porque, como ves, las raíces de esa necesidad de control casi siempre vienen de heridas del pasado o de dinámicas que arrastramos de la familia. Si sientes que estás atrapado en una situación así, ya sea con tu pareja o con tu entorno, te sugiero echar un vistazo a estas dos herramientas que analicé a fondo y que te pueden ayudar a soltar ese lastre:
Respira profundo: El mundo no se va a acabar hoy
Todo está relacionado, si lo piensas. Así que para abreviar. Diría que, si te desesperas, como me pasa a mí y a todo el mundo al ver que algo “se te escapa” porque finalmente eres plenamente consciente de que nunca estuvo a tu merced…
Respira profundo, sé consciente de que el mundo no se acaba, que nuevas etapas proceden, y que el minuto exacto que realmente importa es el que vives en este preciso instante.
No te preocupes si no cumples las expectativas impuestas y/o autogeneradas. Simplemente vive.
Lo sé, es más fácil decirlo que hacerlo. Pero hay algo que es incuestionable, y es que las personas hacemos lo imposible por sobrevivir, por lo que vivir mejor es solo algo que nada más hay que proponerse.


