Capítulo 6
Tengo 24 años y estoy en Tenerife. Vengo sola y tengo 2000 euros sueltos en el bolsillo para empezar una nueva vida.
Ya lo había intentado antes, lo de irme así a lo loco a un lugar de España creyendo que sería ideal, pero no funcionó ni con Valencia ni con Granada. Lástima, son buenas ciudades.
En Valencia me quedé sin dinero teniendo que desplazarme en tren todos los días mientras buscaba trabajo, y en Granada casi me suicido de la soledad, el frío y la desesperación. Arya me salvó al aparecer en mi vida. Y justo cuando había logrado EL MÉTODO para que me dieran trabajo, cogen y me arrastran de regreso a Ibiza.
Pero aquí estamos, intentándolo una vez más. ¿Es que nadie entiende que yo no pinto nada en Ibiza? Dios es que no se enteran que no estamos todos hechos para «la isla de la fiesta».

Lo primero que le dije a mi madre al llegar a Tenerife es que me sentía caminar por un lugar parecido a las pelis tipo California, con las palmeras, el tiempo idílico y la gente viniendo de la playa con sus tablas de surf y otros patinando por el paseo marítimo.
Le contaba que había desayunado mi zumo, mi tostada y mi pieza de fruta, todo por 3,20€ en el buffete libre de debajo de casa, y que la gente era exageradamente amable, considerada y amistosa. No podía existir un lugar mejor.
¿Por qué ir a Tenerife fue la mejor opción?
Empecemos por el principio, que me embalo.
Esto es lo típico de que una cosa lleva a la otra y demás, en un resumen rápido, el origen de la idea no fue mía, si no de un ex con el que dormía en el suelo de un garaje.
Tuve mi segundo ataque físico con mi padre y decidí huir de casa, y Marcos, que era un muchacho monotemático que solo hablaba de surf y de anarquismo, traumado con heridas abiertas de niño interior, siempre estaba triste y enfadado, pero su gran corazón, su excesivo atractivo físico y hobbies y gustos en común conmigo hizo que formáramos una relación…
Allá en el suelo de su garaje donde se quedó conmigo mientras no tuviera las agallas de volver con mi padre o mudarme de nuevo con mi madre en Sevilla, hablábamos de cómo sería mudarnos juntos a una casa en condiciones, él no encontraba trabajo de lo que buscaba y yo más de lo mismo, así que soñábamos despiertos, como hacen todas las parejas de veintipocos.
Pero a la que instaló en mi mente la opción de Canarias (lógico siendo surfista) le di vueltas, indagué en el índice de paro, que estaba por las nubes, el precio de los alquileres, el cual era muy razonable en plan bien, porque siendo una isla de vacaciones esperaba algo como lo de Ibiza, pero para el año 2015 lo de Ibiza ya era desorbitado y difícil de igualar.
No me dieron ningún miedo los análisis que saqué en claro, pensé, «éstos no se han enterado de como funciona el mundo todavía»… Estuve en lo cierto, porque tardaron varios años en subir los alquileres y elevar su caché. Todo lo que encontré entonces, no existe hoy.
Lo que hice para conseguir el dinero del cambio de vida fue poner a la venta mi Seat León, mi primer coche. Un deportivo con lunas tintadas y subwofer instalado. Dos meses a la venta, y me lo quitaron de las manos en junio, un mes perfecto puesto que la temporada de verano en Ibiza ya había empezado, pero lo curioso es que me lo compraron el mismo día en que salía mi avión a Ibiza, fue MANIFESTACIÓN PURA.
Dije, «¿me crees pasar aquí otro verano más? ni de broma, yo me voy a Tenerife.» Y compré los billetes antes de tener agendada la visita de mi comprador. Para entonces ya tenía mirado el nombre de las ciudades, ofertas de trabajo en Infojobs, alquileres por Milanuncios, etc.
Tuve que hacer escala en Barcelona y cuando me quedé esperando el segundo avión comprobé que la persona con la que había quedado en mirar un piso, no dio señales de vida, y me preocupé. No tenía reserva en ningún hotel y tampoco conocía a nadie en persona de allí. Pensé rápido. Escribí rápidamente por Whatsapp mientras estaba en la cola de embarque a uno de los muchos con los que contacté para alquilar una habitación compartida.
Le expliqué que iba en camino y que no tenía donde dormir ni donde vivir, y que no había vuelta atrás. Me dio el teléfono de su amigo porque su habitación ya no estaba libre, y su amigo tenía vacía una casa en medio de El campo de golf. Una mansión que usaban para las fiestas y las vacaciones, y me dejaron pasar todas las noches que necesitara a 20 euros cada una. Me salvé… en el último segundo. Ese día, entre eso y vender el coche una hora antes de mi vuelo no fue otra cosa que protección celestial.
No he mencionado que Marcos se quedó haciendo dinero en Ibiza mientras yo me adelanté. Él vino meses más tarde, pero durante ese tiempo me di cuenta de que estaba mejor sin él. Mi alegría por la vida volvió al no tener que escuchar las quejas constantes de alguien en mi oído, además me alejé de un lugar que no era para mí, punto.
Primera semana. Objetivo: Buscar apartamento
Después de pasar un par de noches en una casa que solo tenía el mobiliario básico y la nevera vacía, me di cuenta de que tenía que buscar otro sitio, ¡ya tenía 60 euros gastados y solo acababa de llegar!
Llamé a un taxi y me acerqué al pueblo más próximo al campo de golf, San Cristóbal de La Laguna. Allí pasé un par de noches más a 10 euros, bajando considerablemente el nivel de categoría, al entrar en un hostal de dos estrellas, pero perfectamente ubicado encima de un Mercadona, justo detrás del tranvía.
No desaprovechaba ni un segundo buscando las habitaciones disponibles de ese mismo pueblo, mirando en todos los anuncios que salían, recargando la página cada 5 minutos. Fui a visitar más de uno, pero todos soltaban la misma cantinela: «Solo estudiantes». Por lo visto en Tenerife solo hay una universidad, y estaba justo ahí.
Pero en una de esas visitas, la dueña del piso, que era madre de un chico de mi misma edad, escuchó la historia de cómo llegué ahí, y emocionada por mi situación me aconsejó que me dirigiera a Los Cristianos, al sur de la isla, donde alguien como yo seguramente encontraría lo que andaba buscando.
Volví al hotel para conectarme de nuevo al ordenador y en lugar de seguir buscando alquileres en La Laguna, cambié el filtro de búsqueda. Bingo, en un minuto llamé y me dijeron que podía ir de inmediato a verlo. Tuve que coger el autobús, que tardó DOS HORAS en llegar y me costó 11 euros el viajecito… pobre de mí, novata. Resulta que había otro autobús que tardaba solo 45 minutos, más directo. En cuanto al precio, todo mejora con un dichoso bono, otra cosa que tardé en descubrir.
Cuando por fin llego, me encuentro con la «habitación». El anuncio decía «habitación individual de chalet en Los Cristianos por 150€». Lo que me encuentro: Un puto armario en el garaje, eso sí, de un chalet, al que no tenía acceso ni para entrar en la cocina. Apenas entraba una «cama» si se le podía llamar así, ajustada frente a la puerta, y para de contar. Un baño tipo piscina pública al lado, y si había cocina no lo recuerdo, porque del mareo que me entró con la decepción se me nubló la vista.
Aun me siento orgullosa y sorprendida de no haberle arañado la cara. Me senté, bien juiciosa, y le dije que no cumplía con mis expectativas. Dado que no tenía más sitio al que ir, le pedí un favor, que me acercase al centro del pueblo y ahí yo pudiera conectarme para encontrar (a la desesperada) cualquier otro lugar, si no lo encontraba, volvería a pasar cuantas noches hicieran falta hasta encontrar un sitio mejor. Accedió.
Debido a las horas del día, me acercó a una hamburguesería que estaba justo detrás de la iglesia, en pleno centro. La hamburguesa estaba muy buena, casera, como las que hago yo, a menos de 4 euros con la bebida. Y mientras le daba bocados a mi comida miraba los anuncios, no me costó mucho, la verdad. Nada más entro en la página había uno publicado hacía 45 segundos, llamé sin pensarlo mucho, el precio no eran mas de 120 y por lo que vi al indicarme la dirección, estaba a 30 metros de distancia.
Los chicos me dijeron que no se podían creer que nada más apretar el botón de publicar apareciera yo en persona a los cinco minutos, y que además, no solo conforme con las condiciones saqué del bolsillo todo mi dinero, que no había tenido tiempo todavía de meter en el banco, puesto que me pagaron en efectivo. Les impacté, y con esas, ni siquiera le dieron la oportunidad a otros candidatos. Me volví a salvar, otra vez, de meterme en un lío.
Le dije al tipo del chalet que había encontrado casa, pero como no recibí la confirmación de los chicos hasta la puesta de sol, ya no pude recoger mis cosas hasta el día siguiente. ¿Y qué te parece? Me cobró 20 euros por dejar la maleta en su casa… ¡un locker me habría salido más rentable! Ahora lo pienso y le habría hecho una peineta tan tranquila, pero para ahorrarme el disgusto de que me la robase, le pagué.
Podría habérmelo cobrado de vuelta cuando al traérmela me invitaron a cenar al McDonalds, pero estaba en shock…
Resulta que me llevaron antes a un espectáculo, o misa, o… reunión. No sé como llaman las sectas a sus encuentros.
El sitio era una nave industrial de las afueras del pueblo, vacío, salvo por unas 50-80 sillas de auditorio y un escenario con el fondo de cortina estrellado, exactamente igual que un teatro infantil. Él ya me había hablado al conocerle de que quería presentarme a unos amigos suyos, dijo que notaba algo en mí al mirarme a los ojos, «una especie de aura especial».
Total que ahí estábamos, sentados en la última fila, y yo no me podía sorprender de que se pusieran a rezar, aunque me parecía la «iglesia» más cutre jamás vista.
Primero se me olvidó pestañear cuando la pastora decía cosas como que ver Harry Potter era dejar entrar el demonio en casa…pero se me calló la mandíbula al suelo y me olvidé de recogerla el resto de la… ¿sesión? cuando la gente empezaba a tener convulsiones en el suelo, ahí tirados. Es curioso que coincidiese su ropa, todos ellos con la misma camisa azul (Mismo Team Estafa).
Me quise ir, pero no podía llegar andando desde ahí hasta casa, y encima de que no había carril viandante de regreso, hacía un viento que parecía un huracán, y tuve que aguantarme. Volví a dentro y decidí tomármelo con filosofía: «No pasa nada -me dije- están fatal de la cabeza pero son inofensivos si creen que Harry Potter es demoníaco.»
Después la pastora dijo que arrimasen todos su cartera porque Dios los iba a bendecir con un regalo económico ese mismo día… El dueño del chalet echó a correr directo al escenario como si le hubieran robado y persiguiese a su ladrón…
Y cuando al fin terminó la broma, mis secuestradores y yo nos reunimos con el pastor y la pastora…. ¡era esa gente la que querían presentarme! Y yo, digamos, no podía hablar, me habían hechizado o algo porque estaba hasta pálida.
Durante la cena en el McDonalds, la pastora, que predicaba tener cuidado con lo que le dábamos de consumo a nuestros hijos, iba tan campante dándoles eso que ahí sirven. Fui muy maleducada… lo único que yo comí, fue a la pastora con los ojos incrédulos.
Me dejaron de regreso en el pueblo y evidentemente, no los volví a ver.
Entré por fin a mi nueva casa y empezó mi vida en Tenerife, ahora sí que sí, compartiendo piso en el centro de Los Cristianos con un argentino de 41 años, maestro de Reiki y un asturiano, 8 años mayor que yo. Los dos portada de revista, pero… yo tenía novio y 0 interés.

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